martes, 19 de octubre de 2010

El baile (alguien oyó este amor)

Un pájaro desorbitado nos comienza

reitera la escena sobre un cable.

Aletea: son los besos largos

que agitan la noche.

Baila para los adentrados,

para los que se tapan la boca

y dejan escapar un poco

(de miel).

Apenas otro poco

(de mi y él).

Para todo lo demás

donde no llega el cable,

hay un mundo a boca abierta

y en espera

(de una cucharada de lo nuestro).

jueves, 23 de septiembre de 2010

La memoria

Pasará, pasará, pasará

mufa un tata.

Y volverá, volverá, volverá

como todos los días el tren.

Las nubes pasajeras,

la hoja inmadura y arrancada,

lo bello y lo feo,

un día; no cualquier otro,

se refriega en su cara.

Las cortinas abiertas,

un cielo ingenuo posa,

insiste sobre la ventana.

Sanará, sanará y pasará.

De vez en cuando, el día es perverso;

dura lo que duele una nube pasajera.

viernes, 17 de septiembre de 2010

África suya

A las seis y media comienza, para mí, la tarde.

Cazadora de palabras mosqueantes

revientan a la hora del té

y esas manchas no salen.

¡Salvaje, no vuelvas!

Mi silueta, al igual que estas tierras,

duerme al costado del vacío.

Alguna vez, sí, habrán congeniado.

Es una gran selva el amor,

erosiona grietas y estrías

y suaviza al león.

¡Salvaje, no vuelvas!

de mi pollera, al igual que esas cebras,

te acordarás a la hora del té.

(De mi pollera, al igual que esas cebras,

¿te acordarás a la hora del té?)

martes, 7 de septiembre de 2010

Al borde de todo

Sentada, al borde de todo,

sobre un colchón resignado

a los resortes ajenos,

asusta presencia.

Su soledad no tiene fin

apunta a su espalda

y celebra el cuarto.

Es tarde y la luz de la noche está apagada.

Ni despojada piensa en el descanso.

De qué sirve ya desvalijarse.

Su soledad no tiene fin,

aureolada como una santa,

la hostiga.

Es tarde y la luz de la noche está apagada.

No hay ruido de heladera que arrope.

No hay poesía que calme.

jueves, 2 de septiembre de 2010

Hombre alado

Hombre, ¿qué es lo que ves y tensa tu porte?

¿Será el tormento del don

que adivina tus pies en el suelo?

¿Qué harás, hombre? Anclando lunas con tu peso de niño.

Estás vivo y te inquieta el batir de tus alas.

Transparentes pero no invisibles

declaran y sentencian

desolación.

Hombre, fruncís tu boca.

Pero es inevitable,

con mate se hincha el cuerpo.

No hay silencio posible.

Es inevitable,

tu voz siempre será ruido de calle.

¿Qué harás, hombre? ¿Anclando lunas con tu peso de niño?

viernes, 13 de agosto de 2010

El bailarín

En sus ojos sólo se ven resonancias que exasperan.

Sus ojos, grandes depósitos de la incertidumbre,

apilan inmensas extensiones de ecos propios de una voz

resquebrajada

y al acecho de lo que va a venir,

de lo que fue,

del azul al albor,

del albor al azul,

de la danza inoportuna que lo ahonda y lo despierta y lo tumba

de la luz a la sombra,

de la sombra a la luz.

Para dejarlo bailando solo,

suspendido

en el mareo de una danza que añora porque ya no recuerda.

Acá terminó todo y comenzó todo y el azul aconseja .

Y su mano, su mano escuálida, aún late y percibe

cómo haces de rayos irrumpen y atenúan su soledad petrificada.

jueves, 15 de julio de 2010